
Revista Digital
N° 88 - Abril 2026
REFLEXIÓN 24M - LUCHA POR LA MEMORIA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA
A 50 años del último golpe cívico-militar en la Argentina, desde la Secretaría de la Mujer, Géneros y Diversidad, decidimos hacer este breve especial para detenernos a reflexionar, analizar las implicancias y consecuencias de la dictadura y seguir construyendo memoria desde el movimiento obrero organizado.
En este sentido, Córdoba no era una provincia más. Venía de protagonizar el Cordobazo en 1969, una insurrección popular donde confluyeron trabajadores industriales, sindicatos combativos y el movimiento estudiantil. Aquella experiencia dejó una huella política que convirtió a la provincia en un territorio vigilado por los sectores que impulsaron el golpe.
El movimiento obrero cordobés de los años 70 se caracterizaba por la alta participación en asambleas, por tener comisiones internas activas, por delegados con fuerte presencia en los lugares de trabajo y la articulación entre gremios industriales y de servicios.
Aunque los empleados de comercio no tenían el mismo perfil que los grandes sindicatos industriales, el gremio mercantil en Córdoba venía consolidando su organización interna, ampliando afiliaciones y fortaleciendo la defensa de condiciones laborales en un sector históricamente fragmentado.
Con el golpe de 1976, la dinámica cambió abruptamente. Las intervenciones sindicales, el control sobre las actividades gremiales y el clima de persecución afectaron directamente la vida interna de los sindicatos. Las asambleas dejaron de ser espacios abiertos y comenzaron a vivirse con cautela. El miedo se instaló en todos los espacios de trabajo, incluido el comercio.
Según los registros de organismos de derechos humanos, un porcentaje significativo de las personas desaparecidas eran trabajadores y delegados sindicales. Eso no fue casualidad. La dictadura apuntó directamente a delegados gremiales, dirigentes de las comisiones directivas, secretarios gremiales y activistas sindicales. El objetivo era claro: desarticular la organización colectiva para imponer un modelo económico de apertura indiscriminada, pérdida de derechos laborales y concentración de riqueza.
Para ello, intervinieron sindicatos, prohibieron asambleas, persiguieron a delegados -y los secuestraron en sus lugares de trabajo bajo la ayuda y colaboración de muchos empresarios que conformaban la conocidas “Listas negras” que pasaban a los militares-, suspendieron de elecciones internas, existieron detenciones sin orden judicial.
Las anécdotas de la época dan cuenta de que en 1976, en un comercio céntrico de Córdoba, un grupo de empleados había comenzado a organizarse para reclamar el cumplimiento del convenio colectivo. Habían elegido delegados y proyectaban una asamblea para discutir condiciones laborales. Días antes de la reunión,uno de los compañeros fue detenido. Nunca volvió al lugar de trabajo. El mensaje fue inmediato: la organización tenía consecuencias. El resto del grupo dejó de reunirse.
Estos relatos no son aislados, el sector mercantil también sufrió la represión en todo el país, empleados de comercio organizados, delegados y activistas fueron perseguidos, despedidos, detenidos y desaparecidos.
La dictadura no solo desapareció personas: intentó desaparecer la política, la participación y la negociación colectiva. A casi cinco décadas del golpe, el desafío no es solo recordar. Es comprender que la defensa de los derechos laborales y la defensa de la democracia son luchas inseparables.
Desde Córdoba, con su tradición obrera y mercantil, el Sindicato de Empleados de Comercio reafirma:
- Nunca Más al terrorismo de Estado.
- Nunca Más a la persecución sindical.
- Nunca Más al disciplinamiento del trabajo.
Memoria, Verdad y Justicia.
- Por los compañeros y compañeras.
- Por el presente.
- Por el futuro.
